ALTERACIONES DERMATOLÓGICAS COMUNES EN EL PIE GERIÁTRICO

Podologa: Rosa Maria Domenech Gaspar colegiada numero 2225

El envejecimiento es algo que está presente a lo largo de nuestra vida y es imposible pararle los pies nunca mejor dicho. Más del 70% de los pacientes que llegan a nuestra consulta son personas mayores y la inmensa mayoría consultan problemas directamente relacionados o agravados por el envejecimiento cutáneo. Por eso en esta entrada me gustaría hablaros un poco sobre las patologías dermatológicas más comunes en el pie geriátrico.

En primer lugar tenemos que saber que la piel de nuestros pies es única en todo nuestro cuerpo, y está altamente especializada en soportar la carga actuando como un amortiguador hidráulico natural. De hecho es así que si una persona sufre un trauma importante como un accidente y pierde parte de la piel de sus pies se podrá poner un injerto pero este no será capaz de resistir en las zonas de presión. A partir de los 50 años e incluso antes en casos de deportistas, aparece un fenómeno que denominamos “Atrofia de la almohadilla grasa plantar” donde la piel pierde grosor y deja de cumplir su función de protección mecánica y aislante térmico llegando a producirse lesiones en el pie plantar como callos dolorosos, metatarsalgia, talalgias, etc., los pacientes comentan que la “sensación es andar sobre los huesos” y que se hace insoportable andar por terrenos con relieve.

Otro de los problemas más comunes es la piel seca acompañada de callosidades como el talón agrietado que lo podemos encontrar incluso en personas entre los 30 y 40 años principalmente en mujeres. A partir de los 60 años esta lesión se agrava, apareciendo una piel seca, rugosa, a veces caliente y en  ocasiones dolorosa como consecuencia de la perdida de flexibilidad, hidratación y lubricación de esta, sumado a las callosidades originadas por una alteración del proceso de renovación celular.

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Las personas mayores presentan mayor riesgo de afecciones micóticas y fúngicas debido a modificaciones en la flora cutánea y también presentan un proceso de cicatrización más lento. Esto hace que el pie geriátrico sea más vulnerable a infecciones y que los procesos de curación sean más largos.
La prevención es un arma fundamental que no debemos dejar de lado. Acudir regularmente al podólogo para una inspección general de sus pies, realizaruna adecuada higiene diaria, llevar un calzado adecuado, hidratar sus pies, consultar al podólogo cualquier síntoma y no esperar a que las cosas empeoren pueden mejorar su salud podológica.

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